Yo, pecador, me confieso a Dios todopoderoso, a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado san Miguel Arcángel, al bienaventurado san Juan Bautista, a los santos Apóstoles Pedro y Pablo, a todos los santos, y a vosotros, hermanos, que pequé gravemente con el pensamiento, palabra y obra; por mi culpa, por mi culpa, por mi gravísima culpa. Por tanto, ruego a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado san Miguel Arcángel, al bienaventurado san Juan Bautista, a los santos Apóstoles Pedro y Pablo, a todos los santos, y a vosotros, hermanos, que roguéis por mí a Dios nuestro Señor. Amén.
¡Señor mío, Jesucristo! Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amen.
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mí ante Dios, Nuestro Señor.
Oración para antes del examen de conciencia
Mira, oh amado y buen Jesús, a un pecador postrado, lleno de confianza a tus pies. Mis pecados me llenan de temor y no encuentro otro refugio que tu amantísimo Corazón. A la vista de ese divino Corazón, la confianza vuelve a mi alma. Soy, en verdad, Señor, el más ingrato de tus hijos, que tan mal ha correspondido a tu amor, ofendiéndote a Ti, que eres mi Padre bondadosísimo. Ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo. Pero mi pobre corazón no puede vivir sin Ti. Merezco un juez severo; pero, en vez de eso, encuentro un Dios lleno de ternura y amor, clavado en la cruz por mi bien, y con los brazos abiertos, dispuesto a recibirme como Padre amoroso.
Tus cinco llagas son como otras tantas voces que me invitan al arrepentimiento y hablan a mi pobre corazón: vuelve, hijo mío, vuelve a Mí, arrepiéntete y no dudes de mi amor y de mi perdón.
Termina, dulce Maestro, la obra que en tu infinita caridad has comenzado. Concédeme un poco de aquel conocimiento y de aquel dolor que Tú tenías por mis pecados, cuando en el huerto de los Olivos sudaste sangre al verlos y caíste como muerto sobre tu sagrado rostro, para que yo comprenda el peso y la malicia del pecado y sienta un verdadero dolor. Ilumina mi entendimiento para que conozca claramente mis pecados. Fortalece mi voluntad para aborrecerlos y arrepentirme de todos ellos.
Oh María, Madre de los Dolores, ayúdame en esta gran tribulación de mi alma.
Ángel de mi guarda, patronos míos, rueguen por mí, para que haga una buena confesión.
Así sea.
Oración para antes del examen de conciencia 2
Oh Señor y Dios de bondad, bien sé que Tú no quieres la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Por mí, Dios mío, cargaste con la Cruz, y desde ella me llamas, aunque soy la criatura más ingrata y pecadora; me llamas no para castigarme, sino para perdonarme. Ayúdame, Señor, para que haga con fruto esta confesión y sane de la grave enfermedad que me causaron mis pecados.
¡Oh Virgen soberana, ayúdame, pues eres Madre y refugio de pecadores! No permitas que el enemigo de mi alma impida lo que tanto deseo. ¿Cómo podré decir las enormes culpas y maldades de mi desordenada vida si la gracia de Dios no me asiste? Alcánzame esta gracia, oh Virgen Santísima.
Gloriosa santa Magdalena, ven en mi ayuda, y, si al pecar te he imitado, que siga tu ejemplo al confesar mis pecados y hacer penitencia.
Santo ángel de mi guarda, ayúdame en todo.
¡Oh Dios mío, quién pudiera borrar con lágrimas de sangre tantas culpas!
Oración para después del examen de conciencia
(acto de contrición)
¡Mi Jesús, azotado en la columna por mis deshonestidades! ¡Mi Señor, coronado de espinas por mis malos pensamientos! ¡Mi Dios agonizando de pena en el huerto, por mis ingratitudes! ¡El Rey del cielo y tierra tenido por loco y pospuesto a Barrabás por mi soberbia! ¡El autor de la vida puesto en una cruz por mis malditas culpas! ¿Y yo no lloro? Pero no, que ya se enternece el corazón al considerar que yo fui causa de tantos dolores; ya se angustia mi corazón; ya clamo a las puertas de vuestra clemencia.
Dios mío, fuente de misericordia, tened por bien, de limpiarme de mis pecados. Pequé, Dios mío por flaqueza, contra Vos, Padre Eterno, Todopoderoso; por Ignorancia, contra vuestro Unigénito Hijo, Sabiduría infinita; y por malicia contra el Espíritu Santo. Con estas culpas os ofendí, Trinidad Soberana. Ayudadme, oh mi dulcísimo Jesús, con vuestra gracia que todo lo puede. En Vos pongo toda mi confianza. Oh Jesús mío, para Ti vivo, para Ti muero, oh Jesús mío, soy Tuyo en vida y muerte. Así sea.
Oración del penitente para después del examen de conciencia
Padre lleno de clemencia, como el hijo pródigo que marchó hacia tu encuentro, te digo:
«He pecado contra Ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo». Cristo Jesús, Salvador del mundo, como al ladrón al que abriste las puertas del paraíso te ruego: «Acuérdate de mí, Señor, en tu Reino». Espíritu Santo, fuente de amor, confiadamente te invoco: «Purifícame y haz que camine como hijo de la luz».
Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; no te acuerdes de los pecados ni de las maldades de mi juventud; acuérdate de mí, Señor, con misericordia, por tu bondad. (Sal 24, 67.)
Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado, pues yo reconozco mí culpa, tengo siempre presente mi pecado (Sal 50, 45).
Padre, he pecado contra Ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo. Ten compasión de este pecador. (Lc 15,19; 18-13).
Misericordia Dios mío por tu bondad. Aparta de mi pecado tu vista, borra en mí toda culpa. ¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme. Jesús, Hijo de Dios, apiádate de mí, que soy un pecador.
Dios mío, con todo mi corazón me arrepiento del mal que he hecho y de todo lo bueno que he dejado de hacer. Al pecar te he ofendido a Ti, que eres el supremo bien y digno de ser amado sobre todas las cosas. Propongo firmemente, con la ayuda de tu gracia, hacer penitencia, no volver a pecar y huir de las ocasiones de pecado. Señor, por los méritos de la pasión de nuestro Salvador Jesucristo, apiádate de mí.
Oración para después de la confesión
Acabas de decirme, Jesús, la consoladora palabra: “Vete en paz, tus pecados te son perdonados”. Me has purificado con tu sangre de la lepra de mis pecados; me has sacado de las garras del enemigo infernal; has roto las cadenas de la muerte, abriéndome de nuevo el cielo. Tu paz y tu alegría han vuelto a mi corazón, y me atrevo a levantar con confianza los ojos hacia Ti. Por toda la eternidad celebraré y cantaré tus bondades y delicadezas, en unión con los ángeles y los santos.
Pero también me has dirigido este serio aviso: “Ya has recobrado la salud; no vuelvas a pecar, no sea que te suceda algo peor”. Cuando miro mi pasado, me siento tentado a desanimarme. ¡Cuántas veces he prometido corregirme, y cuántas he sido infiel a las más santas resoluciones! Señor, soy débil, y mi voluntad es frágil ante la astucia del maligno y la fuerza de las tentaciones.
Sosténme con tu gracia; te lo pido por el amor de tu Sacratísimo Corazón. Con tu ayuda seré fuerte; con tu protección triunfaré siempre del enemigo. No me abandones en la lucha; cúbreme con el escudo de tu amorosa presencia en el momento del peligro, para que no vuelva a caer en el pecado.
Concédeme también, Señor Jesús, cooperar con fidelidad y perseverancia con tu santa gracia; y ya que mi voluntad está ahora firmemente decidida, oh dulce Salvador mío, procuraré con todo empeño corregirme, usando los medios necesarios: en particular, rechazaré los malos pensamientos en cuanto advierta su presencia en mi alma; oraré en las tentaciones y evitaré con cuidado las ocasiones peligrosas.
Completa, Señor, la obra de la gracia que has comenzado en mí.
Amén.
Oración para después de la confesión
Gracias, oh Padre Celestial, gracias infinitas os doy, por el inmenso beneficio que acabáis de concederme. Habéis purificado mi pobre alma con la Sangre preciosísima de vuestro divino Hijo, mi buen Salvador.
Os ofrezco esta mi confesión y mi penitencia en unión con todos los actos de penitencia que hicieron todos los santos y en especial la de nuestro Señor Jesucristo, su santísima Madre y San José, pidiendo a vuestra bondad paternal que os dignéis aceptarlos y hacerlos meritorios para mi eterna salvación. Lo que haya podido faltar a la sinceridad de mi preparación, a mi contrición y a la acusación de mis pecados, lo pongo todo en el Corazón adorable de mi buen Jesús, tesoro infinito de todo bien y de todas las gracias.
Os ofrezco, oh Padre Eterno el Corazón de vuestro divino Hijo, con todo su infinito amor, todos sus sufrimientos y todos sus méritos para digna satisfacción de mis pecados.
Madre dulcísima de Jesús, María, acordaos que sois también mi madre, Mi pobre alma os fue encomendada por Jesús mismo. En la cruz fue El quien me os dio por Madre. Obtenedme, pues, oh tierna Madre, la gracia de sacar de este santo sacramento todos los frutos que Jesús quiere que yo alcance. Alcanzadme, oh amabilísima Madre, por los dolores que sufristeis al ser separado de Jesús, vuestro divino Hijo, un amor ardiente y fiel a Jesús. ¡Muestra que eres mi Madre!
Angel de mi guarda, mi dulce compañía; mis santos patronos y todos los ángeles y santos de Dios, interceded por mí y alcanzadme la gracia de cumplir fielmente con mis propósitos. Así sea.