Jesús mío, he venido a visitarte con todo mi amor.
Te adoro en el Santísimo Sacramento del altar.
Te adoro en todos los Sagrarios del mundo, especialmente donde estás más solo y más olvidado.
Te ofrezco todas las oraciones y actos de adoración que has recibido desde que se instituyó este Sacramento, y los que seguirás recibiendo hasta el fin del mundo.
Te ofrezco especialmente el amor de tu Madre, la Virgen María, de San Juan, tu discípulo amado, y de todas las almas que te aman profundamente en la Eucaristía.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Ángel de mi Guarda, ve por mí a todos los Sagrarios del mundo.
Dile a Jesús lo que yo no sé decirle y pídele que me bendiga.
Jesús mío, creo con todo mi corazón que eres el Hijo de Dios vivo, que viniste a salvarnos.
Creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar.
Creo que por amor a mí estás presente en el Sagrario día y noche.
Creo que estarás con nosotros hasta el fin del mundo.
Creo que bendices a quienes te visitan y escuchas a quienes te adoran.
Creo que eres el alimento de los moribundos que te aman, para llevarlos al cielo.
Creo en Ti, y también creo por los que no creen.
Creo, Jesús mío,
que estáis realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar.
Os amo sobre todas las cosas
y deseo recibiros en mi alma.
Pero como ahora no puedo recibiros sacramentado,
venid a lo menos espiritualmente a mi corazón.
Y como si ya os hubiese recibido,
os abrazo y me uno del todo a Ti.
Señor, no permitas que jamás
Me aparte de Ti. Amén.
(San Alfonso María de Ligorio)
Jesús mío, espero en Ti porque eres mi Dios y me creaste para el cielo.
Espero en Ti porque eres mi Padre y todo lo bueno que tengo viene de tu bondad.
Solo lo malo viene de mí.
Espero en Ti porque me salvaste y me llamas tu hermano.
Espero en Ti porque intercedes por mí ante el Padre en cada Eucaristía.
Espero en Ti porque con tu Pasión ganaste el cielo para mí.
Espero en Ti porque siempre escuchas mis oraciones y me consuelas.
Espero en Ti porque nunca me has fallado.
Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío.
Jesús, te amo con todo mi corazón y más que a nadie.
Te amo porque me has amado sin medida, desde siempre,
porque diste tu vida por mí,
porque me hiciste hijo de Dios y me invitas a tu gloria,
porque en la Comunión te entregas completamente a mí,
porque estás siempre presente por amor en la Eucaristía,
porque siempre me recibes con los brazos abiertos,
porque eres mi mejor Amigo y siempre me colmas de dones,
porque me amas aunque a veces te he fallado,
porque me has enseñado que Dios es un Padre bueno,
y porque me diste por Madre a tu propia Madre.
Dulce Corazón de Jesús, haz que te ame más y más.
Dulce Corazón de Jesús, sé mi amor.
Te amo también por los que no te aman,
por los que no piensan en Ti,
por los que no te visitan,
y por los que te ofenden.
¡Cuánto duele eso!
Jesús, me entrego a Ti,
para unirme al amor eterno que le tienes a tu Padre.
Padre bueno, te ofrezco el amor infinito de tu Hijo Jesús,
como si fuera mío.
Jesús mío, ten misericordia de mí.
Te pido perdón por todos mis pecados:
Los de mi infancia, juventud y vida adulta,
Los que recuerdo y los que no,
Todo lo que te ha ofendido.
Me duele haberte fallado.
¡Perdóname, Señor!
Perdóname por mi ingratitud.
Borra mis pecados y límpiame por dentro.
Ten compasión de este pecador arrepentido.
Con tu gracia, quiero cambiar y vivir mejor.
Me arrepiento sinceramente.
Jesús, sé mi Salvador.
Madre María, intercede por mí.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Jesús, gracias por todo lo que me has dado.
Sólo en el cielo podré darte gracias como mereces.
Padre del cielo, gracias por tu Hijo Jesús.
Espíritu Santo, gracias por inspirarme estos sentimientos.
Gracias sobre todo por haberme salvado.
Gracias por haberme hecho cristiano por el Bautismo.
Gracias por darme a María como Madre,
por darme amor por Ella,
por darme a San José como protector,
y por darme un Ángel que me cuida.
Gracias por conservarme la vida hasta hoy,
y por darme el deseo de amarte y vivir en tu gracia.
Jesús mío, te pido:
No me dejes nunca, porque sin Ti me perdería.
Ayúdame a vivir siempre en tu amor.
Acompáñame cuando esté en peligro y en mi hora final.
No permitas que me aparte de Ti.
Enséñame a sufrir con amor.
Que mi único deseo sea amarte.
Que ame a mis hermanos, a los pecadores, a los pobres y enfermos,
y a las almas del Purgatorio.
Ofrezco mis obras por ellas para que alcancen el cielo.
Protege a tu Iglesia, al Papa, a los obispos, sacerdotes, religiosos y gobernantes.
Bendice a mi familia, a mis amigos, a quienes me ayudan y a quienes me ignoran.
Haz que trabaje mucho por Ti hasta el final.
Concédeme una muerte santa, y que mis últimas palabras sean:
¡Jesús, Jesús, Jesús!
Llévame contigo al cielo.
Amén.
Jesús mío, antes de irme, dame tu bendición.
Que el recuerdo de este momento contigo me anime a amarte cada vez más.
Haz que cuando vuelva a visitarte, mi alma esté más santa.
Te dejo aquí mi corazón, para que te adore siempre
y lo hagas agradable a tus ojos.
Adiós, Jesús mío. Hasta pronto.