Aprende a examinar tu conciencia, reconocer tus pecados y confesarte con claridad, sin miedo, sin rodeos y sin dejar fuera lo importante.
con misericordia
y prácticos
nuevos o de regreso
Tal vez han pasado semanas. Tal vez meses. Quizá años.
No importa desde dónde estés comenzando. Esta guía te ayudará a prepararte para una buena confesión, paso a paso.
“No tienen
necesidad de
médico los sanos,
sino los enfermos"
MATEO 9, 12
El pecado no es solamente cometer un error. Es apartarnos de lo que Dios quiere para nosotros.
Como un padre que ve un peligro que su hijo todavía no alcanza a ver, Dios ve más allá de lo que nosotros vemos.
Tú ves una aventura.
Tu Padre ve el peligro.
Para que un pecado sea mortal deben darse juntas estas tres condiciones:
Lo que hice es objetivamente grave.
Sabía que era algo gravemente malo.
Lo elegí libremente.
Con la ayuda del Espíritu Santo, revisa tu vida con sinceridad.

¿Ocupa realmente el primer lugar?

¿Cómo trato a mi esposo(a), hijos, padres y demás?

¿Soy honesto y cumplo mis deberes?

¿Qué lugar tienen mi sexualidad, dinero, tiempo, entretenimiento y resentimientos?
Descubre lo que quizá no estás viendo.
¿Reconozco y agradezco lo que Dios me ha dado?
¿Me importan realmente las cosas de Dios?
¿He pasado de largo ante la necesidad de otros?
¿Permanecí callado o pasivo ante algo injusto cuando podía hacer algo?
Utiliza las 5 C para confesarte con claridad.
Di cuál fue el pecado
Di lo que hiciste, no generalidades
No ocultes un pecado grave por vergüenza o miedo.
No necesitas contar toda la historia ni justificarte.
Di cuántas veces, hasta donde puedas recordar.
“Padre, mi esposo nunca me ayuda. Llega tarde, se la pasa en el teléfono y siempre me hace enojar...”
“Insulté a mi esposo y le deseé el mal. Ha sucedido varias veces.”
Una guía sencilla, paso a paso.
“Bendígame, Padre, porque he pecado. Ha pasado ___ tiempo desde mi última confesión.”
Di tus pecados utilizando las 5 C.
Escucha el consejo del sacerdote y la penitencia.
Expresa tu arrepentimiento y recibe el perdón de Dios.
No tengas miedo. No necesitas recordar todo a la perfección.
Prepárate con calma y dile al sacerdote:
“Padre, hace muchos años que no me confieso y necesito ayuda.”
Él puede guiarte.
Si lo olvidaste sin intención de ocultarlo, no te angusties. Si después recuerdas un pecado grave, menciónalo en tu próxima confesión.
Sí. Una lista puede ayudarte a recordar y ser más claro.
Da una aproximación sincera: “unas tres veces”, “varias veces” o “con frecuencia durante algunos meses”.
No dejes de luchar. Volver a caer no significa que Dios se haya cansado de perdonarte.
Sí. Una pregunta breve puede formar parte de la confesión. Para una conversación larga, es mejor pedir una cita aparte.
Después de pecar, Adán se escondió.
Y Dios le preguntó:
“¿Dónde estás?”
Dios sabía dónde estaba Adán. Pero Adán necesitaba reconocer dónde había terminado.
Hoy también te lo pregunta a ti.
No necesitas tener tu vida resuelta para volver.
Dios te espera con misericordia.