Agustín vuelve sobre su propia historia y la contempla ante Dios. Recuerda sus búsquedas, sus errores, sus deseos y su conversión, pero también descubre la presencia de la gracia a lo largo de un camino que entonces no comprendía por completo.
Confesiones no es solamente el relato de una vida. Es también oración, examen del corazón y búsqueda de Dios.
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Agustín cuenta acontecimientos de su vida, pero no escribe simplemente para dejar memoria de lo que ocurrió.
Desde las primeras palabras de la obra, habla directamente con Dios. Recuerda su pasado, reconoce sus errores, da gracias y trata de comprender cómo Dios estaba presente incluso cuando él todavía buscaba la felicidad lejos de Él.
Por eso, leer Confesiones es entrar no sólo en la historia de Agustín, sino también en su oración y en las preguntas que hace sobre el corazón humano.
En Confesiones, “confesar” no significa únicamente reconocer los propios pecados.
Agustín confiesa también la grandeza y la misericordia de Dios. La obra une así dos movimientos:
Reconocer quién soy
Mirar con sinceridad la propia vida, las decisiones, los deseos y las heridas.
Reconocer quién es Dios
Alabarlo, darle gracias y descubrir su acción incluso dentro de una historia imperfecta.

Mirar con sinceridad la propia vida, las decisiones, los deseos y las heridas.

Alabarlo, darle gracias y descubrir su acción incluso dentro de una historia imperfecta.
Los trece libros de Confesiones recorren la historia personal de Agustín y avanzan hacia preguntas más profundas sobre el corazón humano, el tiempo, la creación y Dios.
Infancia, juventud, estudios, amistades, maniqueísmo, Milán, conversión, bautismo y Mónica. Agustín recorre el camino que lo llevó desde sus primeras búsquedas hasta abrazar la fe cristiana.
La historia del pasado da paso al examen de su vida presente. Memoria, deseo, tentación, felicidad y búsqueda de Dios conducen a Agustín hacia una profunda exploración de la vida interior.
Agustín medita sobre los primeros capítulos del Génesis y reflexiona sobre la creación, el tiempo y la eternidad de Dios. La obra que comenzó recorriendo una vida termina contemplando el misterio de la creación.
No recorremos estos momentos sólo para conocer la vida de Agustín. Su camino puede ayudarnos a reconocer nuestras propias
búsquedas, luchas y preguntas, y a descubrir cómo Dios actúa también en nuestra historia.

Confesiones, I, 1, 1.
“Nos hiciste para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.” Desde la primera página surge una pregunta central: ¿qué puede satisfacer verdaderamente el corazón humano?
LEER EN LA PARTE I →

Confesiones, II.
Agustín recuerda el robo de unas peras que ni siquiera necesitaba. Años después vuelve sobre aquel episodio para preguntarse: ¿por qué podemos desear hacer algo precisamente porque sabemos que está mal?
LEER EN LA PARTE I →

Confesiones, III
La lectura del Hortensio de Cicerón despertó en Agustín un intenso deseo de buscar la sabiduría.
Todavía faltaba mucho para su conversión, pero algo había cambiado: ya no le bastaba simplemente alcanzar éxito y reconocimiento.
LEER EN LA PARTE I →

Confesiones, III–V.
Durante años creyó encontrar en el maniqueísmo respuestas a sus grandes preguntas, especialmente sobre el origen del mal. Con el tiempo, sus dudas crecieron y aquellas respuestas dejaron de sostenerse.
LEER EN LA PARTE I →

Confesiones, V–VI.
En Milán, Agustín escucha a Ambrosio y descubre una manera más profunda de comprender las Escrituras. La fe que había rechazado comienza a parecerle intelectualmente posible.
LEER EN LA PARTE I →

Confesiones, VIII.
Agustín ya está convencido de la verdad de la fe cristiana, pero descubre que conocer la verdad no significa estar dispuesto a vivirla. Quiere una vida nueva y, al mismo tiempo, sigue aferrado a la antigua.a.
LEER EN LA PARTE I →

Confesiones, VIII, 12, 29
En medio de una profunda crisis interior, escuchó una voz infantil que repetía:
“Toma y lee; toma y lee.”
Agustín tomó las cartas de San Pablo y leyó Romanos 13,13-14. Aquel momento marcó un punto decisivo en su camino de conversión.
LEER EN LA PARTE I →

Confesiones, IX
Poco antes de la muerte de Mónica, madre e hijo conversaron en Ostia sobre la vida eterna.
Agustín recuerda aquel momento como una experiencia extraordinaria de contemplación compartida.
LEER EN LA PARTE I →

Confesiones, X, 27, 38.
“Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé.” Agustín, ya bautizado, reconoce cuánto había buscado fuera aquello que sólo podía encontrar plenamente en Dios..
LEER EN LA PARTE II →

Confesiones, XI
Después de narrar su historia, Agustín se enfrenta a una pregunta sorprendente: ¿qué significa que Dios haya creado “en el principio”?
De allí nace una de sus reflexiones más conocidas sobre el tiempo, la memoria, el presente y la eternidad.
LEER EN LA PARTE III →
“Nos hiciste para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.”
Confesiones, I, 1, 1
“Toma y lee; toma y lee.”
Confesiones, VIII, 12, 29
“Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé.”
Confesiones, X, 27, 38
Tres momentos distintos de una misma historia: buscar, responder y descubrir a Dios.
No necesitas conocer toda la obra para comenzar. Estos momentos permiten seguir algunas de las preguntas y experiencias que marcaron el camino de Agustín.
Recorre los trece libros en orden y descubre los momentos clave del camino de Agustín.
SEGUIR SU CAMINO →
IDEAL PARA: conocer el contexto, entender su proceso de conversión y seguir el desarrollo de su historia.
Entra directamente en la obra. Déjate llevar por sus preguntas, su oración y sus reflexiones ante Dios.
LEER LA OBRA →
IDEAL PARA: una lectura espiritual, pausada y profunda, libro por libro.
Agustín recorrió su historia preguntándose no sólo qué había sucedido, sino qué buscaba su corazón y dónde había estado Dios en todo aquel camino.
Al leer Confesiones, puedes hacerte también algunas preguntas:
Si Agustín aprendió a leer su camino delante de Dios, nosotros también podemos aprender a leer el nuestro.